La ciudad de Orvieto, prácticamente inexpugnable en su altura aislada, tenía un punto débil: el suministro de agua. Para garantizarlo debía excavarse un pozo en la blanda tuffa volcánica, obra de la que se encargó Antonio de Sangallo "El Joven". Pensó que el mejor método para extraer el agua sería hacer dos cadenas humanas, una ascendente y otra descendente, que pasarían los cubos llenos o vacíos según el caso. La formalización de ese programa es la elegante figura descrita, de enormes dimensiones para tratarse de un pozo. Jamás fue utilizado para el fin previsto, aunque los peregrinos a Roma o los viajeros extranjeros del Gran Tour lo visitaban con frecuencia como una curiosidad. El pozo de San Patricio, a un tiempo descomunal y sencillo, inútil y práctico, resulta ser un excelente resumen del espíritu renacentista.

 

 

La construcción del pozo comenzó en 1527 de la mano de Antonio da Sangallo y, aunque 3 años más tarde Carlos V y Clemente VII se habían reconciliado, la excavación del pozo continuó hasta que, casi 10 años después de su comienzo, se llegó al agua, para entonces Clemente ya había muerto, Pablo III ocupaba su lugar y el motivo por el que se construyó el pozo resultaba bastante lejano.

 

Pozo de San Patricio

Historia